Lo que aprendí pitcheando CreatorPlace por primera vez
Hace unos días fuimos con Ari a WIP Club en Buenos Aires para pitchear CreatorPlace por primera vez frente a founders, emprendedores y gente del ecosistema startup.
Y creo que, más allá del evento en sí, lo que más me quedó fue toda la experiencia emocional alrededor de tener que hablar en público cuando realmente sentís que hay algo importante en juego.
Porque no es lo mismo una exposición del colegio o de la facultad que un pitch donde, de alguna forma, estás intentando vender una idea, un proyecto o una visión frente a personas que viven de construir cosas, invertir o analizar productos constantemente. Y no lo digo desde un lugar negativo, sino desde un lugar mucho más humano.
En mi caso, los nervios estuvieron bastante presentes durante todo el día. Y creo que justamente una de las cosas que más me interesó de esta experiencia fue tratar de entender cómo atravesarlos en vez de intentar “eliminarlos”.
WIP Club (Work in Progress) es básicamente una comunidad y evento orientado a founders y proyectos en etapas tempranas, donde distintas startups presentan lo que están construyendo y reciben feedback real de la comunidad y del jurado.
Antes del evento hay una especie de auditoría previa con las founders que organizan todo. En nuestro caso nos tocó hablar con Rocío y otra de las chicas del equipo, y honestamente el feedback que nos dieron fue súper valioso. Se notaba muchísimo que tenían experiencia viendo pitches y ayudando a ordenar ideas.
Algo interesante es que nos confirmaron la participación apenas unos días antes del evento. Creo que fueron cinco o seis días. Así que toda la preparación terminó siendo bastante caótica y acelerada.
Y aunque en el momento eso sumó ansiedad, después me di cuenta de que también le agregó algo bueno al pitch: nos obligó a resolver rápido.
Armamos toda la presentación junto con Ari en muy poco tiempo, practicamos durante la auditoría y seguimos ajustando cosas los días siguientes. Pero lo curioso fue que uno de los momentos donde mejor salió el pitch fue justamente durante esa primera auditoría, cuando todavía no habíamos “ensayado” demasiado.
Teníamos una estructura base armada, algunas ideas claras y una presentación hecha con ayuda de Claude, pero muchas partes salieron naturales en el momento.
Y ahí me di cuenta de algo importante: muchas veces el problema no es “no saber qué decir”, sino intentar controlar demasiado cómo decirlo.
Los días previos al evento practicamos bastante con Ari, cada uno por su lado, pero el día del evento fue cuando realmente sentí que terminé de ordenar muchas ideas. Y ahí hubo varias cosas que me ayudaron mucho.
La primera fue intercambiar ideas constantemente con otra persona.
Con Ari hacíamos algo muy simple: yo le decía “che, tengo que explicar esta parte” y empezábamos a hablar como si ya estuviéramos pitcheando. Él me hacía preguntas, me frenaba, me decía “esto no se entiende” o “esto explicalo más simple”.
Y sin darme cuenta terminé usando algo muy parecido a la técnica de Feynman: explicar algo de forma simple para comprobar si realmente lo entendés.
Muchas veces uno cree que sabe explicar un tema hasta que tiene que decirlo en voz alta frente a otra persona. Ahí te das cuenta rápido qué partes entendés de verdad y cuáles todavía están medio “dibujadas” en tu cabeza.
La segunda cosa que más me ayudó fue conocer profundamente lo que estaba presentando. Y esto para mí fue clave.
Porque cuando llega el momento de hablar en público, especialmente en un pitch, hay una diferencia enorme entre:
- repetir algo aprendido de memoria,
- y hablar desde el conocimiento real.
En nuestro caso, había muchas partes que me salían naturales simplemente porque conozco bien CreatorPlace: qué problema queremos resolver, qué puede hacer el producto, qué no, a quién apuntamos y por qué.
Y creo que eso cambia completamente cómo te expresás. No porque te conviertas automáticamente en alguien “bueno hablando”, sino porque cuando te perdés o improvisás, seguís hablando desde el entendimiento y no desde intentar recordar un texto exacto.
Siento que eso aplica a literalmente cualquier tema.
Si alguien tiene que hablar sobre fracking, sobre diseño industrial o sobre física cuántica, probablemente no necesite memorizar palabra por palabra un discurso perfecto. Lo que más ayuda es realmente entender el tema: cómo funciona, qué problemas tiene, qué ventajas, qué limitaciones y qué contexto existe alrededor.
Porque, al final del día, hablar en público también es conversar.
La tercera cosa que más me ayudó fue algo que siento bastante infravalorado: los mapas mentales.
En vez de memorizar el pitch completo, yo pensaba cada slide como una idea principal. Por ejemplo:
- slide uno → esta era la idea clave,
- slide dos → esta otra,
- y así sucesivamente.
Entonces armaba pequeñas ramas mentales con:
- conceptos importantes,
- frases que quería mencionar,
- ejemplos,
- o formas simples de explicar algo.
Y honestamente eso me dio mucha más tranquilidad que intentar memorizar todo al pie de la letra. Porque ya no dependía de recordar un guion perfecto: solo necesitaba recordar la idea central y confiar en que el resto iba a salir desde el conocimiento y desde haber practicado lo suficiente.
Ya en el momento previo al pitch, cuando literalmente faltaban minutos para subir, hubo algunas cosas bastante simples que me ayudaron mucho más de lo que esperaba.
Primero: respirar hondo.
Parece una boludez, pero realmente ayuda.
En esos momentos uno empieza a sobrepensar absolutamente todo:
- “¿y si me olvido algo?”
- “¿y si me trabo?”
- “¿y si digo cualquier cosa?”
Y mientras más vueltas le das en la cabeza, peor es. Entonces antes de subir intenté hacer justamente lo contrario: respirar profundo, bajar un cambio y tratar de mantener la cabeza lo más tranquila posible.
También me ayudó mucho estar con Ari. Antes de subir nos dimos la mano y dijimos algo tipo: “ya está, va a salir bien”.
Y aunque suene medio simple, siento que esas pequeñas palabras de motivación ayudan muchísimo. Porque de alguna forma te hacen entrar en una mentalidad más positiva. No tanto desde un lugar “místico”, sino desde la seguridad de decir: “bueno, ya llegamos hasta acá, ahora simplemente hagámoslo”.
Y honestamente, aunque estaba nervioso y claramente tuve errores, siento que me fue muchísimo mejor de lo que esperaba.
Hacía bastante tiempo que no hablaba en público frente a tanta gente. Había alrededor de 200 personas y eso inevitablemente impone presencia.
No fue un pitch perfecto. Hubo momentos donde me trabé, donde podría haber explicado mejor algunas cosas o donde los nervios se notaban. Pero al mismo tiempo siento que hubo muchas más cosas buenas que malas. Y creo que gran parte de eso vino justamente de todas esas pequeñas herramientas que fui usando durante el proceso.
Otra cosa que me ayudó mucho fue pensar algunas frases fuertes de antemano. No memorizar un discurso completo, sino tener ciertas ideas o cierres que ayudaran a remarcar un concepto importante.
Por ejemplo, cuando explicaba cómo funcionaba CreatorPlace, ya tenía pensadas algunas frases para cerrar ciertos slides o enfatizar una idea clave. Y siento que eso ayuda muchísimo porque le da peso al mensaje: no solo explicás algo, sino que además dejás una idea resonando.
Relacionado con eso, hubo algo más que me sirvió muchísimo mientras hablaba: mirar a personas concretas a los ojos.
No importa quién. Simplemente elegir a alguien del público y hablarle como si fuera una conversación uno a uno.
Eso me ayudó mucho a dejar de pensar que había “200 personas mirando” y empezar a sentir que simplemente le estaba explicando algo a alguien. Y creo que justamente ahí el mensaje gana mucha más fuerza, porque aunque parezca que le estás hablando a una sola persona, en realidad te están escuchando todos.
Más allá del pitch en sí, hubo varias anécdotas del día que también me quedaron grabadas.
Una de las más simples pero graciosas fue que estaba tan nervioso antes de llegar al evento que ni siquiera me fijé bien dónde me estaba dejando el Uber.
Sabía que tenía que ir al Starbuck cercano a las Torres Catalinas, donde habíamos quedado en encontrarnos con Ari para desayunar antes del evento. Pero como iba completamente acelerado mentalmente, terminé bajándome del lado incorrecto de la torre. Encima estaba lloviznando.
Entonces tuve que dar toda la vuelta por afuera, medio mojándome y puteando un poco mi capacidad de concentración en momentos de estrés.
Y para rematarla, cuando finalmente llegamos al Starbucks donde supuestamente íbamos a desayunar, estaba cerrado: era sábado temprano y quedaba dentro de una torre que solo abría días laborales.
En el momento fue medio caótico, pero ahora me da gracia porque resume bastante bien el estado mental con el que llegamos ese día.
También hubo algo del evento que me gustó mucho a nivel personal: conocí a Leandro Riviello, un creador de contenido que sigo hace varios años y cuyos videos siempre me gustaron mucho. Habla bastante sobre minimalismo, finanzas, inversión y herramientas digitales.
Y aunque no era una situación de “fanatismo”, sí sentía esa curiosidad genuina de querer conocerlo en persona. Lo había visto durante el evento y en un momento pensé: “ya fue, me saco las ganas y le hablo”.
Entonces me acerqué, le conté que seguía su contenido hace bastante tiempo y terminamos teniendo una charla súper natural. Hablamos del proyecto, de YouTube, de algunos canales que le gustaban, de ideas y de un montón de cosas más.
Y creo que justamente eso fue una de las cosas más lindas del evento: las conversaciones reales que terminan apareciendo alrededor de experiencias así.
Si tuviera que cerrar todo esto con una idea, probablemente sería esta:
Cada tanto está bueno hacer cosas que nos incomoden. Cosas que nos den miedo. Cosas que nos saquen un poco del lugar cómodo.
Porque antes de anotarme a WIP Club yo realmente pensaba: “¿para qué voy a hacer esto?”
Y después de vivirlo me di cuenta de que el valor no estaba solamente en el pitch. Estaba en todo lo que pasó alrededor:
En enfrentar el miedo a hablar en público. En ordenar mejor mis ideas. En entender más profundamente CreatorPlace. En aprender a comunicar lo que estamos construyendo. Y también en demostrarme a mí mismo que probablemente podía hacerlo mejor de lo que pensaba.
Y aunque sigo sintiendo nervios al hablar en público, ahora también siento que esa incomodidad dejó de ser algo que quiero evitar todo el tiempo. Porque muchas veces, justamente ahí, es donde más terminamos creciendo.
Algunas cosas que recomiendo esta semana
🎵 Una canción que escuché esta semana en loop: Veridis Quo, de Daft Punk.
📺 Un canal de YouTube que recomiendo: David Elorza. Simplemente hermosa la edición y los mensajes de los videos.
💭 Una frase:
“Stay hungry, stay foolish.”
De Steve Jobs, en su discurso de Stanford.
Siempre me gustó mucho esa idea de mantenerse curioso, seguir aprendiendo y no asumir que uno ya entiende todo. Creo que también habla bastante de animarse a probar cosas incluso cuando no tenemos totalmente claro cómo van a salir.
Espero que les haya gustado esta entrada :) Nos vemos en la próxima.